expectativa

Siete enemigos a batir y ser más productivo (VI)


La expectativa

En mi ya más que extensa carrera profesional, he venido observando que una de las cosas que contribuyen más al desánimo, a postergar decisiones importantes o que impiden dar un cambio de rumbo a la situación cuando lo conveniente sería hacerlo es el pensamiento del tipo “todo o nada”. O todo es perfecto o todo es un fracaso.

El pensamiento polarizado es una de los tipos de pensamientos descritos por Albert Ellis, un psicoterapeuta cognitivo desarrollador de la terapia racional emotivo-conductual. Esta forma de pensar nos condiciona sobremanera mucho más frecuentemente de lo que supones.

Este tipo de pensamiento es un clásico en situaciones en las que se genera una expectativa muy grande. Normalmente, me he encontrado con que una de las mayores frustraciones que se pueden experimentar cuando trabajas desarrollando tu propio negocio o proyecto es recibir una negativa o un revés a una propuesta o cuando un producto no se comporta todo lo bien que esperábamos en el mercado. Es entonces cuando estamos generando una expectativa demasiado grande que nos puede llegar a hacer suponer que, de conseguir nuestro objetivo, todo será maravilloso, las cosas rodarán solas y todo lo que suceda desde ese momento será mucho mejor. Incluso se da la circunstancia en muchas personas de que el mero hecho de desear que suceda una cosa implica que obligatoriamente tenga que ocurrir.

Y la consecuencia de un revés o contratiempo suele llevar a mucha gente al otro extremo, es decir, a pensar que la no consecución del objetivo esperado es el más absoluto de los fracasos, que el producto en el que han estado trabajando tanto tiempo es una porquería y que nunca lograrán salir adelante.

Ese suele ser el precio de la expectativa.

“Hay dos formas de ser feliz: mejorar tu realidad o bajar tus expectativas.”

Jodi Picault. Escritora.

Pero no hay que pensar que hay que vivir sin expectativas. Una expectativa moderada y racional nos hace avanzar, conocernos a nosotros mismos y sacar lo mejor de las personas que nos rodean. Y, ¿cómo podríamos evitar generar expectativas poco realistas?

Un buen método es aprender la diferencia entre lo que es controlable y lo que no. Controlar el pensamiento o la actitud de los demás es imposible, como lo es también el controlar las circunstancias del mundo y de la vida. Sin embargo, sí se pueden controlar nuestros pensamientos sobre ello y la forma de hacerles frente.

Aceptar la realidad y ser tolerantes a la frustración son dos de los principales caminos para evitar las expectativas irreales y el pensamiento polarizado. Hazte a la idea de que la consecución de un objetivo es un mero paso en el largo camino de la vida. Un solo paso que puedes tratar de volver a dar al momento siguiente.

No hay alegría sin tristeza, satisfacción sin decepción, éxito sin fracaso…

Las expectativas no son ni buenas ni malas, pero sí pueden impedirnos disfrutar de la vida al crearnos un mundo irreal.

Hasta la semana que viene.

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