Siete enemigos a batir y ser más productivo (II)


Tener objetivos poco claros e indefinidos

En este confinamiento, la mente de muchos de nosotros no para quieta. Y eso no es malo, pero hay que enseñarle a trabajar para nosotros.

Es en esa línea todo lo que publico en este blog. Tratar de hacer ver que todo acaba siendo como decidas vivirlo. Si andas alocado, sin concentración y disperso, acabas viviendo como en un mar de confusión, empezando un sinfín de cosas para dejarlas a la mitad.

Pixabay. Autor: Geralt

Pero un pequeño gesto, un micro-gesto se podría decir, diario y constante, es suficiente para conseguir el gran cambio. Ese cambio que te lleva directo a tus metas.

Por tanto, hoy te voy a hablar acerca de establecerse metas, objetivos. Sin un objetivo claro, es difícil orientar el rumbo hacia lo que queremos conseguir. Y ahora viene cuando se pone interesante esto: ¿y qué quiero conseguir? Realmente, ¿qué es lo que me gusta?

A mí me ha pasado y me he quedado un poco en blanco cuando he tratado de contestar a esta pregunta. Pero la verdad es que es normal, que si andamos muy ajetreados sin parar a pensar, reaccionando a todo en todo momento, llegamos a un punto en que perdemos el foco y no sabemos para qué hacemos lo que hacemos.

Para ello te sugiero que pares. Sí, que pares un momento, un rato, un día… lo que sea necesario para que puedas responderte a la pregunta con tranquilidad.

¿Qué es aquello por lo que estoy echando horas y horas todos los días?

Tranquilo. A veces no te puedes contestar de bote pronto. Pero confía, porque la respuesta vendrá y tu panorama se aclarará. Lo que pasa es que hay que saber asumirlo pues puede que te des cuenta de que o bien tus metas son muy difusas o, realmente, no son tus metas. Son las de otro.

Para el segundo caso, es suficiente con pensar si lo que haces realmente cuadra con tu planteamiento profesional. Si trabajar para otro es cómodo para tí, formidable. Trabajas en pos de los objetivos de otro pero te paga por hacerlo u obtienes otras compensaciones.

Pero para el primer caso, te sugeriría un breve experimento. Y es que trates de reconectar con el niño que llevas dentro. Que recuerdes que era lo que más le gustaba hacer, qué era con lo que más disfrutaba. Que hables con él (contigo), con ese ñiño de 12, 14, 17 años y que sientas qué sentía.

Muy sutilmente, la magia surge y, casi de repente, evocas aquellos juegos, aquellas situaciones donde soñabas con lo que ibas a ser. No necesariamente todos hemos conseguido exactamente el mismo sueño, sino, yo ahora mismo sería un banquero multimillonario o una especie de Messi. Pero ese sueño, esa cosa que te hacía quedarte quieto y pensar en cómo serías de mayor es la que llama a tu puerta otra vez para preguntarte: “¿qué hay de lo mío?”

Entonces, te reenfocas y lo vuelves a ver claro. Y para poder seguir en la brega y empezar a trabajar de una manera productiva, lo que vas a hacer es establecer los pasos que vas a dar para conseguir eso que ahora ya tienes claramente en perspectiva.

Y el secreto que yo utilizo es… dividir. Dividir tu meta en cuantas metas más pequeñas sean necesarias. Y concreta, se específico hasta el extremo. Ya no podemos decir: “quiero ser feliz”. Ese es el paradigma de la inoperancia y la frustración. Ahora, te vas a decir:

“Quiero conseguir reputación y ser un referente en mi actividad en tres años. Para ello, todas las mañanas, dedicaré media hora a pensar en lo que haré durante el día. Me levantaré todos los días a las 7:30 y a las 8:15 estaré ya sentado en mi despacho. Trabajaré hasta las 12:30 para hacer un receso y leer los e-mails, pero sin contestarlos. Haré una lista de 5, sólo 5, que será a los que conteste. Luego continuaré trabajando en las ofertas pendientes de enviar. No leeré las RRSS nada más que dos veces a la semana y solamente si he terminado las tareas que me haya encomendado. Si he de publicar algo, lo haré sistemáticamente a una hora determinada un día determinado, dependiendo de mi audiencia. Y terminaré mi jornada diariamente a las 20:00. Mi objetivo mensual es aumentar en 1.500€ la facturación, de manera que a final de año haya obtenido 5 nuevos clientes e incrementado las ventas en 20.000 €. Revisaré cada quince días la evolución de estos objetivos.”

Pixabay. Autor: Fersandmx

¿Serían estos objetivos… Claros? Sí. ¿Cuantificados? Sí. ¿Medibles? Sí. ¿Alcanzables? Sí. ¿Susceptibles de revisión o re-adaptación? Sí.

Enfócate en el proceso y mide el resultado el día que haya que hacerlo. No anticipes nada, no saques conclusiones antes de tiempo.

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¡Sigue!

Hasta la semana que viene.

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