Siete enemigos a batir y ser más productivo (I)


La falta de prioridades

Seguimos como la semana anterior. Confinados. Pero eso no significa que estemos inactivos. Muchos de nosotros, tú que me lees ahora, seguimos trabajando, pensando, planificando, ideando…

Este tiempo de aislamiento dá para muchas cosas… o eso parece. Todos los días por la mañana te despiertas y ya tu cabeza está anticipando las cosas que vas a hacer. Ya hay algo por dentro que te está empujando. No, estoy hablando de motivación. Es más bien una voz que te dice “venga, que ayer te faltó terminar tal o cual cosa y hoy tenemos esto o lo otro para hacer”.

Disparado, te das una ducha, tomas un café bebido, no te enteras si el bollo era de chocolate o los cereales llevaban avena o eran de trigo y te vas a tu mesa.

Te sientas. Ves post-it’s en el monitor, en el teclado, uno en el ratón y otro en el centro de la mesa y varios más reclamando tu atención y te dices… “Venga, ¿por cual empiezo? Hm, esto es para llamar a fulano pero seguro que ahora no está… éste es para hacer la hoja de cálculo con los gastos… éste para enviar la oferta a mengano…”

No llevas ni cinco minutos y ya te agobias. Abres la hoja de cálculo y empiezas a poner datos. Tienes que mirar en una carpeta que está detrás tuyo un resumen con los del año pasado. Como te fastidia tener que levantarte, piensas que mejor llamar al fulano del primer post-it a ver si te lo coge… no está. Te has desconcentrado un momento y como te hace run-run en la cabeza lo de la oferta, empiezas a prepararla. Cuando llevas un rato, te percatas de que hay unos gastos a tener en cuenta para terminar de poner los precios y que están en esa carpeta que tienes que coger detrás tuyo. Por fin, te levantas, la coges y empiezas a buscar lo que te falta para la oferta. Pero aparece el resumen de gastos que buscabas para la hoja de cálculo y, vaya, qué bien, lo has encontrado casi sin querer. Te sientas y te vas a la hoja de cálculo a transcribir lo que buscabas y que tanta pereza te daba. Cuando llevas un rato enfrascado en la hoja de cálculo, suena tu móvil. Es el cliente al que tienes que enviar la oferta.

“Oye, ¿cómo me tienes la oferta? Me hace falta ya…”

Gerd Altmann. Pixabay.

“Vale, dame diez minutos y te la mando” le dices y cuelgas ya un poco “mosca” pues, al final, el cliente se te ha adelantado y ya no tienes la iniciativa en el asunto. Ahora vas a hacer la oferta. Por fin, logras centrarte y la terminas, pero ha pasado media hora. La mandas. Te reclinas en tu silla y resoplas. Y te acuerdas de la persona a la que tenías que llamar al principio de la mañana. Llamas. Te contesta y quedas con él en confirmar por e-mail un día para veros pues no ves la agenda, tapada por la carpeta de gastos del año pasado y no quieres cerrar la cita sin ver lo que tienes pendiente.

Por fin, miras el reloj y son casi las 13:30. Y este puede ser un día de los corrientes, no de los peores. Y te preguntas cómo mejorar. Cómo poder tener una bendita mañana ordenada y con tareas cumplidas.

Stopwatch
Gerd Altmann. Pixabay.

Está claro que nadie está libre de tener una mañana que salga al revés en la que cunda la desorganización. Pero la cuestión es que si un porcentaje demasiado alto de mañanas (o jornadas) son de este estilo, tus proyectos se van a ver comprometidos por una angustiosa falta de tiempo para llevarlos a cabo. Y un dato importante es el siguiente: una buena mañana hace un gran día.

«Si es una prioridad, encontrarás un camino. Si no es así, encontrarás una excusa».

Jim Rohn. Empresario, autor y orador.

Establece tus prioridades. La noche antes yo siempre me agendo las cuestiones para el día siguiente y las priorizo. Y no se me ocurre hacer algo que no esté entre ellas. De hecho, llego a no contestar el teléfono en mis horas más productivas o cuando estoy haciendo algo importante. Prueba a hacerlo. No te enredes en varios temas a la vez. Comienza y acaba. Siempre en el orden que te has puesto. Te lo vas a agradecer enormemente.

Y te daría una sugerencia final. No metas entre tus prioridades nunca cosas como:

Visitar las RRSS, escuchar noticias, leer los emails, navegar por la Red.

Dales un tiempo, pero nunca el prioritario.

Te veo la semana que viene. Si quieres aportar algo, te espero aquí.

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