5 fundamentos para un proyecto.


V. Permitido fracasar.

Una de las emociones más paralizantes es el miedo. El miedo, realmente, es el común denominador de todas las emociones “negativas” (el entrecomillado es adrede) que podemos experimentar; la falta de autoestima es miedo, la desconfianza es miedo, los celos son miedo… etc.

En el ámbito que nos ocupa, el emprendimiento, el desarrollo de proyectos, las Startups, el miedo se suele traducir en el temor al fracaso. No poder salir adelante con nuestro proyecto es un temor que se instala en la mente casi de manera instintiva. Al principio lo asumes como algo normal y le permites estar ahí, en tu cabeza. Le permites estar presente pues asumes que tiene que ser así; que es un viaje cuyo destino puede estar claro pero la singladura por acometer no tanto. Y luego, un optimismo poco realista te infunde falsos ánimos y entonas el “ya veremos” como mantra contra tus temores.

Pero cuando van pasando los meses y algunos acontecimientos no salen como esperas, ese huésped incómodo al que has dejado instalarse empieza a molestar, empieza a paralizarte, a hacerte dudar… Te quita la gana de comer, te vuelve indeciso y pusilánime y empiezas a posponer tareas y decisiones.

De Pixabay. Author: Xusenru

Amigo, esos momentos son cruciales pues la cuerda floja se va a volver más floja cada vez. Cada nuevo contratiempo es una crisis y tu querido huésped te sigue atronando la mente con cosas como “si ya lo sabías”, “para qué te metiste en esto”, “Y ahora, ¿qué…?”

Y sí, a todos nos ha pasado y puede que nos vuelva a pasar. Me acuerdo de una frase que me dijo una vez un amigo cuando le conté que me había comprado una moto; “ya sabes que hay dos tipos de motoristas, ¿verdad?”. Le contesté que no y le pedí que me dijera cuales eran esos dos tipos. “Pues los que se han caído y los que se van a caer”.

Esta broma que me gastó mi amigo fue para mí, sin embargo, muy reveladora, ya que me hizo ver que, si bien había un riesgo claro y estadísticamente probable de que me fuera a caer, realmente había decidido comprarme la moto y montar en ella hasta que me hartara… o me cayera. Me había dado permiso para caerme. Asumí que sí, que me podría caer, pero al igual que el resto de motoristas de todo el mundo, decidí seguir montando en moto a pesar del riesgo. Y cuanto más kilómetros hacía, más seguro me sentía.

Ahora me vas a permitir que traslade esta experiencia al campo de las aventuras empresariales, pues creo que es perfectamente aplicable. Si vas a afrontar un reto o si ya estás embarcado en uno, el fracaso es un acontecimiento altamente probable estadísticamente hablando. Por tanto, si asumes que puedes fracasar, si te das permiso para fracasar, estarás anulando tus temores o reduciéndolos en gran medida. Si haces esto, notarás como una losa te es retirada de la espalda y cómo el aire llena otra vez tus pulmones. Date permiso para no ser perfecto, para ser vulnerable. Admite que puedes fracasar y que, por ello, no vas a dejar de ser tú.

El peligro es real, pero el miedo es una opción.

No sé realmente de quien es esta frase, pero es uno de mis baluartes. Es cierto que puedes fracasar… sí, bueno… ¿Y qué, entonces? ¿Acaso nadie ha podido establecer de cierto su propio destino alguna vez? El fracaso es uno de los resultados de luchar, de creer en tí. Es una forma de ser libre.

Y recuerda que el fracaso es la otra cara de la misma moneda.

De Pixabay. Autor: Claus_indesign

Hasta la semana que viene.

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